12.7.10


Una final como Dios manda


Por Teresa Eschuk

Nada de sudacas, ni de africanos, ni de seres con los ojos rasgados. Una final de Copa del Mundo con dos equipos europeos, rodeados de un público medido, espléndido. En las plateas las familias reales de ambas naciones vibrando ante cada ataque, sacudiendo el abanico la Sofía, sacudiéndose la modorra la Máxima. Por un momento, quedó atrás la realidad de que ese espectáculo se realizaba en el continente negro. Que poder civilizatorio!!! Que ejemplo en horas de posmodernidad y vacío!!!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Y Van Gesten?
Estaba jugando o la platea?
Y la ensaladita?
Abrazo
Erik

Avallay dijo...

Lo que usted quiera, pero las dos que están sentadas ahí, una es sudaca y la otra griega de monarquía en fuga...que decadencia!!!

Nicolás Tereschuk (Escriba) dijo...

Un verdadero alegrón ¿no? A mí damelo a ese Van Bomer para Boquita, que corre y pega que da calambre.

Norman dijo...

Erik: lo suyo es como la moto, no tiene marcha atrás.
Avallay: Muy atinado.
Escriba: En boquita no hay lugar para rubios.

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